No somos criminales, somos músicos

portada2El festival Desenchufados que se celebró este domingo en el Auditorio Manuel de Falla de la capital granadina transformó un formato, el de atraer muchas bandas y que cada una toque tres temas, en algo mucho más serio. En toda un canto de defensa por la música, por los derechos y por la libertad.

¿Qué pasa cuando dieciséis bandas tocan juntas con una media de tres minutos de pausa entre cada una? Pues que el técnico de sonido de la sala se vuelve loco. Y que es imposible ecualizar la mesa para que se adapte a la magia que allí tuvo lugar. La multitud de instrumentos, timbres vocales, tonos y afinaciones que iban desde la caña de las dos eléctricas que trajeron la representación de Lagartija Nick hasta el “zapateao” de los muy aplaudidos Napoleón Solo. Los intermedios los llenaba un monologuista-“beat-boxer” que escupía al micro que daba gusto.

El Auditorio Manuel de Falla, ideal para escuchar los matices más metálicos de un clavicordio, suscitó las críticas de muchos de los habituales del festival. El espacio, cedido por el Ayuntamiento de Granada, mantenía sentados a los asistentes, algo  que no a todos gusta en este tipo de eventos. Entre el respetable había desde familias enteras con niños pequeños a una buena parte de la fauna más o menos joven, y más o menos alternativa de la ciudad andaluza de la música por excelencia.

Frases como “yo no sé si ella sabrá que solo quiero penetrarla” contrastaron con la dulzura y suavidad con que el Dr. Montañes acariciaba las teclas del piano. A veces, con la rabia de un aporreo y otras con el tacto del cuerpo desnudo de una mujer. Todo ello después de confesar en nuestra “Encuesta Festivalera” (atentos, próximamente) en el backstage que nunca actúa en un festival sin llevar en el bolsillo un trankimazin y un condón.

También sorprendió que un súper-pedazo de rubio como Neuman se auto-proclame granadino mientras toca la acústica en uno de las pocas actuaciones que sonaron decentemente, y que además lo haga con el mismo porte inglés que lo haría Pete Doherty si se hubiera dedicado a aprender a tocar la guitarra en lugar de a autodestruirse.

Niños mutantes, en cuyo sonido destacaron la acústica y la percusión – a excepción de un memorable solo  de guitarra eléctrica como dios manda, que se marcó Andrés López – y que  pusieron en pie al público. Con el tintineo de sus panderetas  provocaron el mismo efecto en las miradas de las granadinas y demostraron por qué siempre son un nombre pesado en el cartel.

PPM, o mejor dicho, su representante Javi, apareció en el escenario cual Neil Young en su época más reivindicativa con una guitarra acústica que rezaba “This machine kills fascists”. El granadino tuvo un mensaje muy claro para el Gobierno: “los músicos de Granada vamos a seguir pensando y tocando, y no nos van a parar”. Más que aplaudido por su manifiesto, PPM evadió el viejo Punk que le caracteriza y en su lugar nos dio una versión del Baby I love you de The Ramones que fue casi lo único que sonó “desenchufado”.

Antes del descanso los miembros de la asociación Granada en Off al completo subieron al escenario para la lectura de un manifiesto en con una serie de reivindicaciones dirigidas a apoyar la situación de crisis y la falta de apoyo institucional por la que atraviesa la industria musical.

Toulouse, Pájaro Jack y Aurora pusieron la nota indie-pop. Quäsar, Royal Mail, Tony Pérez,  Los Pilotos, Matilda y Víctor Sánchez cerraron la tercera edición de un festival que es un canto a la música, a la buena. Y a los músicos, a los buenos.

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