Los viejos rockeros (albinos) nunca mueren

johnny winter

Este sábado el legendario guitarrista de Blues Johnny Winter llenó la sevillana Sala Custom de amantes de la música. En un espectáculo íntimo, más que satisfactorio diría yo, con el que cerraba su mini-gira española, completó el aforo de la Sala Custom a golpe de Blues eléctrico.

Johnny toca sentado, con una mesita a su lado en la que apoya una botella de agua mineral sin gas. Lo acompaña un técnico hasta su asiento. La lentitud de sus pasos la compensa con la agilidad de sus dedos sobre el mástil de la guitarra. Toca con una Lazer Erlewine, también conocida como “headless guitar” o guitarra sin clavijero, cuya versatilidad abarca gran cantidad de estilos.

No nos vamos a engañar: se han acabado los tiempos en que agitaba su melena albina al viento y acompañaba los riffs con hipnóticos movimientos sobre el escenario. Pero el ritmo (vertiginoso) del Blues más eléctrico hace que una no sepa si está viendo a una vieja gloria o a un chaval que acaba de convertirse en leyenda en Woodstock del 69. No entiendo las críticas negativas que he leído en internet de su mini-gira española. ¿Qué esperaban, que se pusiera a saltar a la pata coja?

Y a saltos comenzó el show, que duró unos minutos más de la estipulada hora y media, con una versión de Johnny B Goode de Chuck Berry. Johnny salta de un estilo a otro, del Blues eléctrico al R&B y hasta coquetea con el Rockabilly  con la facilidad con la que yo me tomo una cerveza mientras lo observo embelesada. Tocó (la mayoría del tiempo sentado por sus problemas de movilidad) Got my mojo working, Jumpin’ Jack Flash y otros temazos de hoy y de siempre con su Erlewine hasta que durante el bis cambió de guitarra y dejó a todos alucinados con su dominio de una de mis técnicas predilectas: el slide.

Melenas heavies, sombreritos indies, tupés cincuenteros, camisas de cuadros y, ¿por qué no decirlo? ¡Canas! ¡La cana es bella! El público, más bien parado (las más jóvenes éramos estas reporteras y ya tenemos una edad). Entrevistamos a Alicia (en la foto) de 51 años.  Viene con un amigo, Juan Antonio de 59 a quién “también le gusta el Blues”. Alicia escuchó por primera vez a Johnny Winter en la radio cuando tenía 12 años. “El blues sobre todo necesita estancias más acogedoras, con gente que de verdad escuche, porque el blues, la música negra, es como en el flamenco las seguirillas, los palos que uno canta cuando está triste. Por eso necesita de salas pequeñas”, nos cuenta. Se define como una rockera “dura”.

La Sala Custom colgó el cartel de “no hay entradas” y demostró que es un espacio consolidado para la buena música en Sevilla, pese a algunos problemas con el sonido del micrófono de Winter. La banda que acompaña a Winter, muy correcta sin llegar a ser sublime (excepto el batería, también entrado en años, que nos lo da todo con su melena blanca al viento (solo que la suya es de canas, no como la de Johnny).  ¿Quién ha dicho que las viejas glorias están muertas?

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