The Specials: El sonido de un país en crisis

Periodista e Historiador. Adicto al té y al Northern Soul. Anglófilo. De Chamberí. Pone discos bajo el seudónimo de Dr.Weller. Su nombre es @PacoMonago y regularmente nos dejará recomendaciones y rarezas musicales.

Hace unos días, las calles del londinense barrio de Brixton bullían entre latas de cerveza y pintas de leche al grito de “¡Maggie, Maggie, Maggie, dead, dead, dead!”. En la fiesta improvisada por el óbito de la Dama de Hierro se bailó reggae. Estas muestras de alegría, que muchos podrían tildar de macabras, tienen su origen décadas atrás. Corría el verano de 1981 y en Brixton prendió la mecha de la revuelta social más intensa que había vivido Reino Unido en el último siglo. Por primera y única vez en la historia, las noticias de portada de los telediarios coincidían en tiempo y lugar con el nº1 en las listas musicales de ventas. Una banda de ska de la ciudad industrial de Coventry lanzaba el que sería su último single mientras las calles de Reino Unido ardían entre saqueos, violencia y detenciones. Banda que enamoró a Mick Jagger, Joe Strummer, Peter Doherty o Amy Winehouse. The Specials y su “Ghost Town’’ fueron cronistas contemporáneos de la realidad. La música acompaña a la vida. En este caso, además, acompañó a la actualidad.

The Specials en directo

¿COINCIDENCIA O PREMONICIÓN?
Los caminos de The Specials y de la antigua inquilina del 10 de Downing Street, a pesar de transcurrir por direcciones opuestas, llegaron a cruzarse en alguna ocasión. Margaret Thatcher y su política neoliberal fue objeto de las ácidas críticas de multitud de grupos en los ochenta. Robert Wyatt, Iron Maiden, The Jam, Billy Bragg, Public Enemy, The Exploited, The Beat o The Smiths afilaron sus letras contra la hija del tendero de Grantham. The Specials no se quedaron atrás con su irónica adaptación del “Maggie’s Farm’’ de Dylan (“I ‘aint gonna work on Maggie’s farm no more”). Pero comencemos por el principio.

Nos vamos a 1975. Maggie, siendo Ministra de Educación, comenzaba a mostrar sus primeras cartas privando de leche gratuita a los niños ingleses que acudían a las escuelas públicas. Recortes lácteos. Mientras, Jerry Dammers, un joven skinhead de Coventry hijo de un clérigo, se dedicaba a revolucionar las fiestas hippies con discos de ska de Prince Buster. Sí, has leído bien. Skinhead. Esta palabra, estigmatizada hoy día por las esvásticas y la violencia gratuita, englobaba entonces a jóvenes, sin importar raza o color, que escuchaban ska, reggae y soul embutidos en sus Doc.Martens. Subcultura británica sin atisbo alguno de racismo o política. Música, estética y adolescencia. Punto y final.

Dammers, que tocaba el teclado en una banda de soul, propone a su compañero de clase montar una banda de reggae. Nacen The Coventry Automatics en 1977. Mientras, Thatcher continuaba jugando su partido con un repertorio de declaraciones dignas de premio Nobel de la paz asegurando que “los británicos temen ser inundados por la inmigración de la Commonwealth y Pakistan”. El paro comienza a crecer. La economía hace aguas. La fiesta comienza a ponerse interesante.

Son años en los que el panorama musical británico gira en torno a una Santísima Trinidad. Sex Pistols, The Clash y The Jam se reparten el pastel mientras The Coventry Automatics tocan por los pubs y locales de su ciudad. Una banda más entre las miles que poblaban la isla de Albión. Hasta que Dammers se cruza con Bernie Rhodes, manager de The Clash, que se quedan sin teloneros en plena gira. Hueco libre para la banda de Dammers, que comienzan a presentarse como The Specials. Gira por medio país y algo de dinero al bolsillo.

Pero hay una parada de esta gira que marcará el carácter y la esencia de lo que, posteriormente, serán The Specials. En la ciudad de Bracknell, los neonazis del National Front interrumpieron el concierto a base de ramos de flores y piruletas. Batalla campal. Este partido racista y neofascista decidió pasar a la acción directa por su incapacidad en las urnas – la sombra de Thatcher era alargada dentro de la derecha inglesa y resultaba complicado rascar votos a la Dama de Hierro – comenzando a captar adeptos entre los grupos de jóvenes skinheads y hooligans, convirtiéndose en una organización paramilitar. Aquí es donde comienza el divorcio entre la familia skinhead – racistas VS antirracistas – que plasmó Shane Meadows en la película This is England.

National Front en el East End londinense – 1979

Ahora es cuando Dammers decide virar el rumbo de la banda. Consciente del renacer de la cultura mod y skinhead entre la juventud británica y del riesgo de contaminación de las ideas racistas y neonazis del National Front. Hay que posicionarse. Hacer frente a la sinrazón. Y el hijo del clérigo comenzó a tocar Ska ya que “Lo más sensato era integrar a blancos y negros en un estilo de música. Los chicos blancos tocando rock y los chicos negros tocando su música reggae. El Ska era una mezcla de ambos’’.

Tras esto, cruzan el Canal de La Mancha para dar un concierto en París de lo más accidentado. Pistolas, calabozos, guitarras robadas. Lo típico. Al regresar, graban su primer single, “Gangsters”, a comienzos de 1979. Año clave en esta historia. Es el conocido como “Invierno del descontento”. El paro crece en 1’5 millones, afectando al 82% de la población inmigrante. El nivel de vida entró en caída libre. Violencia, racismo, huelgas, depresión. “El laborismo no funciona” pregonaba Thatcher a apenas 5 meses vista de las elecciones que acabarían alzándola en el poder durante los siguientes 11 años. La olla continúa calentándose.

Mientras, Dammers decide montar su propio sello independiente como hicieron decenas de bandas en la Inglaterra de la época. 2Tone Records. Iconografía en blanco y negro. Trajes, sombreros pork pie y Doc.Martens. En él tuvieron cabida bandas como Madness o Bad Manners. Y, a partir de un sello, eclosionó un movimiento que perdura en Inglaterra hasta hoy día. La música 2Tone. Lanzarán su primer LP, “The Specials”, en marzo de 1979. Dos meses después Maggie toma las riendas del Imperio. Y a final de ese año, The Specials habrán colocado 10 singles de ese disco entre los primeros puestos de ventas. En apenas doce meses pasaron a ser conocidos por todo el país, apariciones televisivas y gira por EEUU incluida.

La cresta de la ola. El sitio correcto y el momento adecuado. El punk había muerto. La juventud estaba huérfana musicalmente hablando. Ellos ofrecían música, estética, imagen, posicionamiento político y un directo frenético. Ska, Reggae, Punk y Pop. Mods, Skinheads y antirracismo. Sold out.

The Specials con Jerry Dammers y su desierto dental

Comienza 1980 con la grabación de su segundo LP, More Specials, rezumando jazz, reggae, northern soul y las primeras rencillas entre la banda. Dammers es un genio. Ya lo era entonces. Y, como todos los genios, tiene sus luces y sus sombras. Generó un movimiento a partir de su banda y de su sello. Y dinamitó su obra por una personalidad difícil de capear. Demasiado tiránica para integrar una banda.

Mientras The Clash o The Jam clamaban contra el neoliberalismo torie con letras durísimas, el More Specials cargaba contra Maggie con toneladas de sarcasmo, camisas hawaianas y cocktails. Gran Bretaña estaba inmersa en una crisis de dimensiones bíblicas, con el gobierno más impopular desde la Segunda Guerra Mundial, con el desempleo sin freno y oleadas de racismo y violencia nunca antes conocidas. El propio guitarrista del grupo sufrió una agresión racista por caminar por la calle con dos chicas blancas. Los disturbios eran habituales entre el público que acudía a los conciertos de la banda, que era incapaz de controlar la violencia entre los asistentes, teniendo que suspender alguna cita.

The Specials seguían cosechando éxito, heridos de muerte por desavenencias internas. Llegamos a abril de 1981. La banda se mete en el estudio a grabar el que será su último single. Un canto de cisne inspirado en la imagen que Dammers percibe de la realidad social inglesa durante la última gira de la banda. “En Liverpool, todas las tiendas estaban cerradas, todo había reventado. Thatcher se había vuelto loca. Estaba cerrando todas las industrias y tirando a la gente a la cuneta. Tú podías percibir la frustración y la ira en el público de los conciertos. En Glasgow pude ver como varias ancianas vendían por la calle los objetos de sus casas. Sus tazas de té, sus salseras. Estaba claro que aquello estaba muy, muy mal”.

The Specials en la gira de 1981

Mientras, la policía de Londres pone en marcha la Operación Swamp en el barrio de Brixton. Este distrito al sur del Támesis es, desde hace décadas, el refugio de la inmigración caribeña que llegó al Reino Unido tras la independencia de países como Jamaica o Barbados en los años 60 del pasado siglo. Brixton es el pequeño Caribe. Lleno de olores y sabores. De cultura rasta y chicken jerk. De reggae y de especias. En 6 días de abril de 1981 detendrán a 943 personas, la mayoría negras, sin motivo aparente bajo la Ley de Sospechosos. La primera revuelta estalla el 20 de abril al conocerse la muerte de un joven negro en comisaria. Los disturbios se extienden por todo el país, con centenares de heridos y detenidos.

The Specials anunció que celebraría un concierto por la unidad racial en Coventry meses después, coincidiendo con el lanzamiento del nuevo single. El National Front convocó una marcha para ese mismo día. La bomba estaba a punto de estallar en todo el país.

Ghost Town” salió a la venta el 20 de Junio de 1981. Con un aire apocalíptico y unos coros fantasmales, la banda anunciaba que “esta ciudad se está convirtiendo en una ciudad fantasma / no se encuentra trabajo en este país / no se puede seguir así / la gente se está enfadando”. El 10 de Julio explota todo. La sociedad británica estaba dividida en dos. Thatcher levanta filias y fobias. Y la mitad enfrentada se rebeló. La mecha prende en Brixton. Allí comienzan unos disturbios que se extenderán por todo Reino Unido durante días copando todas las portadas. Tiendas saqueadas, coches calcinados, centenares de detenidos y pánico social.

Ese mismo día “Ghost Town” alcanzaba el nº1 en las listas inglesas, donde se mantuvo durante tres semanas. Por primera vez, lo que sonaba en las radio-fórmulas se solapaba con las imágenes que aparecían en prensa y televisión. La actualidad de un país tenía banda sonora. Thatcher no logró aplacar el odio que despertaba, pero sí consiguió controlar la situación. Dammers no supo hacer lo mismo con su banda. Días después, tras su actuación en el programa Top of the Pops, tres de sus miembros abandonaban el barco. Fue el último día en que la banda se reunió al completo. “Bands won’t play no more / too much fighting on the dance floor”.

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