El día que Dire Straits se disfrazó de Brothers in Band

663a8-brothersinband Noche de viernes, tras semana agotadora, y escasos minutos antes de las 22.00 me informan de que tengo acreditación para el concierto de Brothers in Band. Medio segundo de duda, búsqueda rápida en el frigo y en el bolsillo, para la entrada de mi acompañante, y a cabalgar veloz hacia la Sala Custom, que nos da la bienvenida por primera vez con un aforo que a mi ojo ronda las 600 personas. Cuatro tubos de ventilación en nuestras cabezas apuntan a un escenario quizás algo pequeño para nueve músicos, aunque mi estatura no me da para ver mucho detalle, pero amigo, mis oídos me dan una patadita porque aquello suena para comérselo.

Llegamos con la función en marcha, según nos cuentan desde hace unos 20 minutos, y nos adentramos hasta alcanzar la mesa de sonido, esa media distancia donde se ve algo, queda cerca la barra (birras a 2’50€) y el aire aun corre, para morirse unos metros más adelante donde se producen saltos y el más fuerte sobrevive. El público congregado es de mediana edad, de alma joven y seguidor de Dire Straits, como no podía ser de otra manera. Los clásicos se suceden y la comunicación fluye entre las tablas y el suelo. Los temas menos conocidos y los instrumentales de entrada o de salida de algún corte son la excusa perfecta para que el respetable eche el cigarrito en la puerta, donde se escucha “esto con los auténticos no pasaría, pero bueno… pero tocan de puta madre eh”.

Te vas dando cuenta de que el concierto merece la pena y se va haciendo cierto el anuncio de que Brothers in Band son la mejor banda de Europa de tributo al combo británico. Mi acompañante se arrima para susurrarme lo bien que suena la música y para echar de menos su So Far Away, y ahora es el público el que arranca las palmas. Nos piden hacer ruido para ganarnos la última tanda de clásicos y sufrimos dos falsos amagos de despedida, el fin está cerca y llegan a él en plenitud de facultades. La espinita de no haber visto nunca a Dire Straits no me la van a sacar, pero estos tíos consiguen que sin duda esa espinita se quede mucho más pequeña de lo que venía y si este es el sonido Dire Straits como reza en la web, solo puedo decirles que me gusta. Y que gracias por venir.

La banda se despide con presentaciones, agradecimientos y una foto final, son cada uno de su madre y de su padre pero forman un equipazo y lo han demostrado. Ser una banda de tributo les da la oportunidad de llenar la Custom y que la gente se sepa sus canciones, pero también les quita saber hasta donde llegarían expresando sus propias ideas y creando su propio estilo. Ellos eligieron su camino y me alegra que el mío se cruzara en el momento y en el lugar adecuado.

Totalmente recomendables.

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