La inocencia vende

Cuando creces te salen granos, te cambia la voz y de la nada te aparece un mostacho que más que pelo es pelusilla. La pubertad es una tormenta de hormonas que altera nuestro cuerpo, nuestra percepción, nuestro comportamiento y lo que es más importante para la sociedad actual: nuestra imagen.

Está claro que la inocencia vende. Cada vez que aparece un bebé falta tiempo para que la señora de turno pellizque sus ya de por sí rechonchos mofletes. Y es que los niños pequeños son adorables, son como animalitos indefensos que provocan ternura con sólo mirarlos. Y están suaves, como los gatitos. —Y tienen mucho sueño, como una cesta de ellos. —

No es de extrañar, por tanto, que se utilice la infancia con fines comerciales, pero en este mundo más que fines comerciales parecen ser comercio de principios. Así, hay madres que se pelean porque su pequeño y adorable hijo sea la nueva imagen de tal o cual marca, se hacen contratos en el que padres hipotecan la infancia de sus retoños y, en definitiva, se emplean niños como reclamo para cualquier cosa que implique ganar verdes.

Olvidan que la infancia es la época de las despreocupaciones, de los descubrimientos y de la naturalidad. La mejor época de nuestras vidas, y si no, ¿por qué la añoramos tanto?

Ver a tu hijo como un producto… tiene que ser tristísimo. Eso en el caso de la mayoría de los mortales. En el caso, o mejor dicho, en la obligación de perpetuar tu dinastía supongo que tiene que ser una motivación más.

Todos hemos visto cómo han acabado algunos niños-celebridad, desdeñados al crecer por esta sociedad que ha pasado de consumir objetos a dejarse consumir por un crecimiento exponencial que va a terminar por autodestruirse.

El súmmum de este delirio es la personificación del que ha conseguido sobreponerse a esa degradación de inocencia, esa devaluación de su imagen por el inexorable transcurso del tiempo: la máquina de amor conocida como Justin Bieber. Aunque claro, cuando la multinacional ve que Justin no deja de serle rentable, son hábiles en la transformación de su producto, convirtiéndolo en el novio perfecto para el perfil de la adolescente medio.

¡Nos engañan como a chinos!, dijo una profesora mía con una china en primera fila.

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