El Etnosur de las mil caras

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Una pareja asistente que improvisa juegos de palmas y carcajadas entre actuación y actuación del circo al atardecer, las palabras emocionadas de una artista tras levantar a un público de más de 1.500 personas,  un taller con participantes de edades tan dispares desde el año y medio de Julio “el prometedor percusionista” a profesoras de música ya pasando los sesenta.  El Etnosur, que comenzó ya en el año 1997, se presenta como algo más que un Festival.

No son sólo nombres de estrellas o artistas y  cervezas a un precio desorbitado. Son más bien unos días de encuentro con la gran familia “etnosureña” que se reúne cada año en los numerosos espacios públicos del pueblo. Cada calle, plaza o incluso palacio del s.XVIII, piscina municipal y un paseo de Álamos, pasan a ser los habitáculos de un acogedor hogar. Aunque claro, no todos los días se encuentra a uno en el salón de su casa dando un concierto al mejor músico europeo de jazz Jorge Pardo o a Almudena Grandes desvelando los entresijos sobre cómo escribir una novela.

Es imposible para un “etnosureño” responder rápidamente a la típica pregunta “¿y cómo está ese festival? ¿qué grupos van?”, las respuestas comienzan con un “enn… (titubeos)…bueno…”. Cómo explicar tantos buenos momentos, amistad, sensaciones, espontaneidad, derroche de simpatía de los lugareños, propósitos incumplidos de “este año voy a todos los talleres” en definitiva, alegrarse y mucho de haber pasado esos días en Alcalá la Real y volverse a casa con tanta buena energía.

Los talleres impartidos desde las primeras horas de la mañana son un regalo, participantes de todas las edades ponen a prueba su creatividad o sentido del ritmo guiados por unos talleristas muy entregados, también se organizan conferencias de periodismo social, narradoras que consiguen emocionarnos y actuaciones circenses de vértigo.  Aunque cada asistente vive este Festival de una manera diferente, desde los que aprovechan las actividades culturales hasta los que lo disfrutan como una fiesta que no descansa . Es “el  Etnosur de las mil caras” y nunca mejor dicho, dado al acercamiento de proyectos de culturas de todos los rincones del mundo y la asistencia de un público tan heterogéneo. Una organización impecable y unos participantes extraordinarios que hacen que cada año, por unos días, sea el mejor lugar del mundo donde habitar y donde convivir, ajenos a todo lo que tenga que ver los problemas cotidianos de la vida. “¿problemas? ¿eso qué son?”

Y no podía ser de otra forma que espontáneamente, surgiera la divertida tradición de “la guerra de las pistolas de agua”. En el paseo de los álamos en las horas de más sol, para combatir algo muy comentado cada año, “musha calor”, al lado de puestos de artesanía y alguna que otra performance improvisada, surge una lucha entre personas que ni siquiera se conocen bajo las sesiones de los djs.  Algo que contrasta con la tranquilidad, a la misma hora y a unos pocos metros, de la proyección de una selección de películas premiadas que tiene lugar en el Teatro Martínez Montañéz.

Durante estos años han pasado por los escenarios numerosos artistazos como Orishas o Javier Ruibal. En otras ocasiones ha supuesto una plataforma de grupos que ni habías escuchado su nombre y  ya pasarán a formar parte de tu colección de grupos favoritos, como el francés Caravan Palace, Los Aslándticos o Ska Cubano. En las horas anteriores a la fiesta programada para la noche, donde se crea un pequeño caos entre el “¿dónde quedamos? ¿cuándo nos vemos?”, comer en algún puesto de las comidas del mundo, el botellón e ir disfrutando al máximo el momento entre colegas, aparecen sin esperarlo, unos músicos que te dejan boquiabiertos  y otros que te hacen saltar, bailar, gritar, caerte, perder un zapato, pensar que pasarlo mejor debe estar prohibido.

Mucho que hacer,  que vivir, que disfrutar, un mapa de emociones que se traza bajo nuestra piel, multitud de imágenes que se mezclan con las de otras ediciones y se quedan grabadas por mucho tiempo, unas ganas de que no termine nunca este Festival y cuando formes una familia poder disfrutarlo y compartirla con esta otra familia “etnosureña”. Y aunque no podamos definir rápidamente todo lo que experimentamos, cada año cuando las actividades y los conciertos están llegando a su fin, hay algo que nos queda claro “el año que viene volvemos”. Nos vemos en la próxima Edición.

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