Volver… A Villaricos

La sábado por la mañana amaneciendo en Dreambeach.

El sábado por la mañana amaneciendo en Dreambeach. Foto: Rocío Fuentes

Como siempre sucede, meter a 60.000 personas en un pueblito costero de Almería donde el resto del año es más fácil ver pasar tractores que festivaleros con camisetas de colores fosforitos, no es fácil. Pero Dreambeach Villaricos lo ha conseguido. Unos 100 artistas pincharon en cinco escenarios distintos del festival de música electrónica que se ha celebrado los días 9 y 10 de agosto en la playa de Villaricos, Cuevas del Almanzora.

Volver a Villaricos ha sido un acierto total, el enclave se ajusta perfectamente a un festival que nació ahí, en esas mismas playas. El recinto, que aunque estaba un poco alejado del camping se accedía con facilidad gracias a la flota de autobuses-lanzadera que pusieron a disposición del público toda la noche, tenía el tamaño apropiado para pasar una noche de fiesta sin aguantar grandes colas ni verse metido en un tapón. El personal, por el general algo seco, salvo los chicos del Gabinete de Prensa (¡Un saludo!), te atendía con bastante rapidez.

Con The Prodigy empezó la fiesta de verdad, con el directo arrollador al que nos tiene acostumbrados. Disfrutamos con muchos de sus clásicos como Firestarter, Smack my bitch up o Take me to the hospital. Justo después vino Borgore, también en el Barceló Stage, que usó la carta del dubstep-éxtasis para la audiencia con temas como Decisions. Los holandeses Noisia llenaron el escenario principal a ritmo de Drum & Bass, mientras Umek hacía una sesión cargada de techno house en el Dreamstent. Para terminar el viernes, más techno de la mano de Fatima Hajji, que estuvo sonando hasta las nueve de la mañana del sábado.

El único incidente a comentar lo protagonizó Josh Wing. El dj canceló su actuación a las diez de la noche del sábado porque no pudo llegar a tiempo a la cita con los dreamers (como se denomina a los asistentes del festival). Su espacio fue sustituido alargando las actuaciones anterior y posterior “sin causar ningún problema”, afirman desde la organización del evento. Y un amago de anécdota a tener en cuenta para otras ediciones, es que un festival de tal calibre no puede cerrar las puertas del recinto, sin dejar salir a nadie hasta pasadas las 2.30 de la mañana porque luego pasa como en Madrid Arena. Suerte que quedó en anécdota porque The Prodigy terminó su actuación cerca de esa hora y la gente lo que quería era entrar y no salir.

Y a todo esto, ¿Qué pinta Cenicienta en un festival de música electrónica? En Dreambeach todo vale para dar la nota, los que desde luego estaban dispuestos a ello. Disfraces de princesas Disney, máscaras de cerdo, sombreros de todas las clases pasando incluso por las pamelas… Pero sin duda lo que más predominaba durante la noche en el recinto y por día en la playa era la ropa o los complementos fosforitos. No es que sea ese tipo de colores la seña de identidad de los dreamers, para nada, pero es que los tonos rosas, verdes y amarillos parece que pegan más con el ambiente del festival, el buen rollo.

El sábado Mauro Picotto interpretó un techno elegante por parte del veterano dj italiano. Vitalic presentó su último trabajo Rave age, en un nuevo directo con unos impactantes efectos visuales y de luces. También dejó caer alguno de sus conocidísimos clásicos como La rock. A Pendulum se le quedó pequeño el escenario San Miguel Open Air, llenazo absoluto del Drum & Bass más potente. Feed me puso mucho menos dubstep del que la mayoría esperaba, pero ejecutó un set brillante tocando variados estilos y demostrando que no se encasilla en el doble tempo.

Foreign Beggars son de los pocos grupos que saben rapear el dubstep y que quede bien. Además, se metieron al público en el bolsillo por su dominio de los idiomas: cuán importante es hacerse entender en un contexto como éste cuando el inglés no era la asignatura favorita de los asistentes. Para el cierre, al igual que el viernes, el festival tiró de artistas con carisma y muy queridos en la escena electrónica española. Pepo y Ben Sims pusieron fin a base de techno a la primera edición de Dreambeach Villaricos.

El antiguo Creamfields sufrió tal vaivén en su pasada edición en el Circuito de Fórmula 1 de Jerez que los pilares del festival se derrumbaran tanto que casi acabaron en cemento. Tras un periodo de reflexión, una apuesta segura por sus orígenes, volver a la playa de Villaricos en Cuevas del Almanzora  y con unos 100 artistas debajo del brazo, el festival que comenzó siendo de un solo día ha sido todo un éxito. Era de notar el esfuerzo de la organización en que todo fluyera como lo hizo, sin incidentes y con un buen rollo generalizado.

Después de dos días que suman más de 48 horas de non stop continuado y fiesta permanente, los más de 60.000 dreamers han aupado al Dreambeach Villaricos al pódium  y lo han coronado como el mayor festival de música electrónica del sur.

Texto escrito por: María José Durán, María Centeno, Víctor Donaire y Nacheles14

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