Rap y publicidad

jazztel

Cuando era pequeño no entendía algunos anuncios de televisión, solía quedarme con la historia o con los detalles infantiles metidos con calzador. No así el del primo de Zumosol, que dejaba claro con sus prominentes bíceps quién mandaba allí.

La publicidad es uno de los potentes motores del sistema capitalista, ya lo dijo el padre del automóvil, Mr. Henry Ford: “Quien deja de invertir en publicidad para ahorrar dinero es como el que para el reloj para ahorrar tiempo”.

Durante mis años de carrera he sacado una conclusión un tanto frívola: negociar es estafar al otro sin que se de cuenta. Aprovecharse de la falta de conocimientos del cliente, decir las palabras correctas, como buen vendedor, para irse a casa con el jornal y tranquila la conciencia.

No voy a lamentarme por este estilo de vida, no creo que haya mucho que hacer. Pero al menos, si van a intentar alienarme, que lo hagan bien.

Y es que dan ganas de sacarse los ojos con algunos anuncios. Los jugadores de baloncesto no están hechos para hablar ante la cámara, el Ele-Casei-Inmunitas hace tiempo que carga, y sobre todo, si vas a utilizar el Hip Hop en tu anuncio, documéntate.

Tras ver esto pareciera que el mismísimo Valle-Inclán fuera a entrar por la puerta con su muñón y su botella, reclamando su parte. Afortunadamente sería un escritor muerto y no Jesús Vázquez, que entonces ni nos quedaría claro lo de los 20 Megas, infarto de miocardio aparte.

Pero bueno, no sólo se han hecho anuncios ridículos utilizando el Hip Hop. No sé si recordaréis cuando Cruzcampo cumplió la centena, el par de anuncios que sacaron asesorados y protagonizados por el dúo sevillano SFDK. En él, parafraseando a García Lorca, consiguen que el espectador deje de ver al rapero como un delincuente, o al menos, entienda mejor su sintonía.

Desgraciadamente no han cambiado mucho las cosas desde entonces. Han pasado casi 10 años, y pocos anuncios he visto de esta compañía que lo igualen. Que una empresa holandesa la comprara puede ser excusa, pero todavía me acuerdo del surfero con cara de lelo, remando con su tabla y soltando despreocupadamente aquello de:yo iba para ingeniero.

Y así, con cosas como éstas uno vuelve a sentirse pequeño, a la época en la que no entendía los anuncios y se quedaba con los pequeños detalles que no venían a cuento; ni a éste que les estoy contando.

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