¿Por qué, pequeño gran hombre, por qué?

Hace un par de días me llevé una gran hostia cuando recibí la noticia, así que no pienso suavizarla porque yo lo comparto todo, me han educado así.

El amigo Joey Jordison deja SlipKnot, según reza el comunicado, por motivos personales. Así que hay que esperar para enfadarse, indignarse, odiarlo a él o a la banda o meterle fuego a nada, relax. A esperar a ver por donde saltan ambas partes y qué cuentan, si de verdad hay tanto entendimiento como hay siempre en este tipo de comunicados o hay diferencias económicas, de parecer o de dirección del combo de Iowa. Muchas veces digo a micrófono cerrado que en estos casos es “mejor” que sea por enfermedad (entendedme, “mejor” no significa mejor) ya que siendo así todo el mundo rema en la misma dirección, se le busca un sustituto temporal, SlipKnot sigue siendo SlipKnot y a esperar que se recupere, y todos contentos menos él, que andaría jodido un tiempo pero resurgiría después.

Sinceramente no prefiero esta opción.

Otra opción muy común en este Rock nuestro es la desavenencia entre vacas sagradas que finalmente da con un pez gordo diciendo “basta y ahí os quedáis”. Dinero (mucho), fama (mucha también) y delirios de grandeza (bíblicos en ocasiones) terminan por formar un cóctel que estalla más tarde o más temprano por mucho que foguees montando Murderdolls o Scar The Martyr, y llegas a la conclusión de que tu sueño era ser cabeza de ratón y no aguantar a tantos leones. Y te largas, con tu caché y tus premios (el último, el de Loudwire) y empiezas de cero con algún proyecto de los antes citados. Tienes garantizado el “éxito” porque eres ex-SlipKnot (y no uno cualquiera, considero que se va un Top de la banda), pero estás bajando de un tirón varios escalones. Y a veces, cuando bajas varios escalones de un salto, te partes algo (la cara, por ejemplo).

Sinceramente, tampoco prefiero que ese sea el motivo. Porque SlipKnot pierde, él pierde y yo pierdo.

Sinceramente, lo que hubiera preferido es que esto jamás hubiera pasado. Claro que tampoco hubiera querido nunca que nos faltara el mítico Paul Gray.

Ambos me regalaron el mejor momento musical que jamás he vivido en directo, cuando sonando Spit It Out en el Sonisphere ´09 de Barcelona, el hoy protagonista se alzó al cielo en una plataforma giratoria demoníaca mientras aporreaba aquella batería bestial en un solo orgásmico para cerrar el concierto. Aún hoy se me ponen los vellos de punta y periódicamente tengo que revivirlo poniéndome el DVD “Disasterpieces” (Drum solo).

Así que a la espera de los acontecimientos, solo puedo decir que espero que todo esto no haya pasado, y todo sea un sueño. Sólo tenéis que pellizcarme y, sobre todo, poner SlipKnot a tope de volumen!!

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